La costa del río es paisaje, encuentro y vida cotidiana. Cuidarla supone mirar de cerca lo que ocurre en el territorio y asumir que cada acción individual puede sumarse a una respuesta colectiva.
La Fundación participó de esta experiencia y conserva una memoria visual que conecta el gesto concreto con una conversación más amplia sobre responsabilidad ambiental.
Territorio como aula abierta
Las acciones al aire libre permiten aprender mientras se actúa. El problema deja de ser una idea distante y se vuelve una situación visible que puede ser abordada con información, organización y colaboración.
Participar con claridad
Contar esta historia como participación reconoce el trabajo compartido y evita apropiarse de esfuerzos colectivos. Esa precisión forma parte del compromiso editorial de la Fundación.
